Hola, abuelito: Han pasado nueve años desde que te fuiste. Muchas cosas han cambiado acá abajo desde que no estás, pero estamos bien y a pesar de nuestros defectos y errores, aunque nos peleemos, seguimos apoyándonos. He crecido, me convertí en abogado, como te enteraste días antes de partir y solamente me apretaste la mano en señal de que estabas a gusto con la decisión que había tomado meses antes de empezar mi último año de colegio. Ahora, estudio una maestría y estoy labrando mi camino en la política como te lo dije desde que era muy pequeño y algún día ser el Presidente de todos los ecuatorianos y en algo poder ayudar. No puedo decir que no me hagas falta, pues estaría mintiendo; en estos nueve años no hay día que no te haya pensado y no hay día en el que cuando debo tomar una decisión, haya pensado en qué habrías dicho o qué habrías hecho tú. Tu voz tosca, ronca, pero a la vez tierna, me sigue retumbando en mis oídos y cuánto no daría por poderte abrazar un poquito más, por una...